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“Bardach y
Meolans pueden conseguir
resultados
maravillosos en Beijing”

A pesar de que el primer
lugar del mundo que conoció fue New Rochelle -Nueva York-, Cristina
Teuscher, doble medallista olímpica, sabe a la perfección cuál es el
sabor del mate, cómo huelen los campos de la Patagonia y cuando mira un
mapa no se confunde a Buenos Aires con la capital de Brasil. Es que esta
estadounidense de 29 años tiene padres argentinos y durante toda su
infancia veraneó en casa de sus abuelos, bien al sur del planeta.
Medalla de oro en Atlanta 96 (en la posta de los 4x200 metros libre) y
bronce en Sydney 2000 (en los 200 metros combinados), Cristina cada
tanto se hace un tiempo en la vida para visitar estas latitudes y volver
a sentir, por ejemplo, la dulzura de un alfajor. Esta vez recorrió el
CENARD como parte de la gira que está realizando por Sudamérica como
relacionista pública de EF, una empresa que les enseña inglés a los
jueces y oficiales que participarán en Beijing 2008.
Cristina, quien abandonó la alta competencia en 2001, está más que
calificada para opinar sobre las posibilidades argentinas en Beijing: "A
Georgina (Bardach) y a José (Meolans) los veo bárbaros para estos
Juegos. Los dos pueden conseguir resultados maravillosos. Claro que en
el momento de la verdad hay que estar tranquilo y disfrutar. Porque hay
un montón de cosas que no se pueden controlar".
¿Cómo imagina que serán los Juegos Olímpicos de este año? "Van a ser dos
semanas increíbles, por la ciudad, los voluntarios y el entusiasmo del
público. Aunque en Beijing me preocupa especialmente el tema del doping,
porque los métodos se van perfeccionando y creo q ue
va a entrar en juego el tema de la manipulación genética. Me parece que
la única manera de combatirla es tomando muestras de sangre de los
competidores. Recuerdo haber estado en un vestuario y escuchado voces de
hombres, aunque puedo asegurar que sólo habíamos mujeres allí...",
relata en perfecto castellano.
Así rememora sus dos vivencias olímpicas: "En Atlanta estaba aterrada.
En Sydney ya tenía más experiencia y pude disfrutarlo más. Además, los
australianos saben de natación, así que los eventos en pileta fueron
fenomenales. El oro fue dulce porque fue el resultado de un esfuerzo en
equipo y el bronce fue genial porque corrí una carrera inteligente desde
el punto de vista técnico".
El momento del final llegó en una fecha que quedó en la historia. Lo
analiza la seis veces campeona nacional en Estados Unidos: "Después de
los Juegos de Sydney me agarró un bajón. El 11 de septiembre de 2001
estaba nadando con gente mucho más chica que yo, jóvenes de 14 años, y
me di cuenta de que lo social, que para mi es muy importante, no estaba
más. Ahí dije basta".
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