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“Disfruto ser quien soy”

Lucha, la capitana de Las Leonas que disputará en Londres sus últimos Juegos

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La Deportista | El sitio de Noticias del Deporte Femenino

Lucha, la capitana de Las Leonas que disputará en Londres sus últimos Juegos, cuenta cómo fue pasar de ser una desconocida a que la pararan en la calle para pedirle autógrafos. Una número 1.

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No fueron pocas las veces que, en plena madrugada, Luciana Aymar recorrió el trayecto desde su casa hasta la terminal de ómnibus de Rosario con lágrimas en los ojos. Tenía que tomarse el micro hasta Buenos Aires para los primeros entrenamientos con las que aún no se conocían como Las Leonas. “Era levantarme a las tres de la mañana para llegar a las siete, a las ocho entrenarme y luevo volver a mi ciudad. Así de lunes a viernes. Tenía 17 años y fue traumático. Incluso me agarra cierta angustia cuando lo recuerdo. Pero me ayuda, sin dudas, me hace valorar todo lo que tengo hoy. Lo que tuve que pasar me permite sentir pasión por lo que hago. Fue duro, pero tampoco fui la única que hizo esos sacrificios”, le explica Lucha, de 34 años, a Olé .

-Momentos que definen el seguir o el abandonar todo…

-Sí, y tuve mis momentos… Pero siempre conté con mucha determinación. Yo lloraba y pataleaba y mi mamá me decía: “¿Estás segura Lucha, te vas a ir llorando?”. Pero yo llegaba, entraba a una cancha y era feliz, me cambiaba la vida… Ya sabía lo que quería: vivir de esto, ser distinta y reconocida. Tenía claro adónde quería llevar al hockey…

-¿Vos a esa edad ya querías llevar al hockey a algún lado? -Sí, sabía que si quería vivir de esto tenía que generar una revolución en el hockey en la Argentina. Siempre soñé con eso, era mi objetivo.

-¿Una revolución? Es loco que tuvieras ese objetivo.

-Muchas veces, hace diez años, no se le daba la importancia a ganar una medalla o un Mundial. Hoy sí. Y me pone muy feliz.

-¿Hubo un click para pasar a ser una número 1? -Un click, no. Es parte de mi forma de ser. Si me hubiese quedado con haber ganado un Mundial, estado en un Juego o logrado un premio como la mejor jugadora del mundo, se habría terminado mi carrera. Pero tuve la capacidad mental de decir “esto ya está, ahora vamos por esto otro”. Siempre creo que tuve ambición, mentalidad para ir por más, por cosas nuevas. Nunca pienso en lo que gané más allá de lo que valoro. Lo dejo en una vitrina, no lo llevo a los entrenamientos…

-¿Cómo es ser una Nº 1 en lo tuyo? ¿Cuánto te cambió? -Te cambia todo. Ya sos una persona pública, tenés que ver tus actitudes, lo que decís, las formas y las responsabilidades. Pero ojo que yo fue siempre más partidaria de transmitir con hechos y no con dichos.

-Sos muy exigente. ¿En qué medida eso lo trasladás a tu vida cotidiana? ¿Te complica? -Es complicado (se ríe), es muy difícil separar las cosas. No sé si alguien puede. El que es exigente sin querer lo lleva al día a día en la vida cotidiana. A mí me pasa. Si vos me ponés esto acá, yo te digo “va acá”. No sé por qué, pero es así (se ríe). Y así somos los deportistas, muy estructurados. Y más si el triunfo se logró por ese camino. Uno lo va a seguir… Y luego es muy difícil ser distinto en la vida. Vos sos siempre exigente en cualquier aspecto y no está bueno, porque también lo sufrís. Cuando algo no te sale bien, es una frustración muy grande.

-¿Trabajaste el tema con tu psicólogo? -Sí, claro, lo trabajé y lo sigo trabajando. Para estar lo más relajada posible en la vida. En el deporte no lo quiero cambiar porque así me fue bien, pero en la vida uno debe estar más relajado.

-¿Cómo manejás el tema del ego? Los N° 1 suelen tener mucho.

-Sí, eso depende de cómo lo ve cada uno. A veces pasa que vos no tenés un buen día, estás cansado y te piden un autógrafo o una foto y sólo te querés ir… Y la gente dice “viste, es un soberbio, cero humildad…” También somos seres humanos con problemas y malos días.

-¿Te tocó bucear en tu ego para bajarlo? Es clave para llegar a ser top, pero…

-Uno puede pensar en cómo tener siempre los pies sobre la tierra. Uno puede ser exitoso y famoso, pero hay cosas que tenemos que hacer… Yo tengo un mal entrenamiento y quiero matar a alguien, ya me quiero ir. Pero veo tanta gente, chicos; me detengo y pienso ‘tranquilizate, relajate, tenés que pasar a ser Luciana, no Lucha…” Ahí tenés que entregarte a la gente. Yo incluso les digo cuando estoy mal… Me tiran “sonreí…” y le digo “pará, sabés el mal día que tuve hoy, comprendeme por Dios”.

-¿Te costó manejar el reconocimiento, lograr disfrutar? -Es todo un tema que sufrí en el 2002 y 2003, luego de ganar el Mundial y que me eligieran la mejor del mundo. Fue duro pasar de ser una desconocida a que te pare todo el mundo, me griten por un peaje…. No entendía nada. Me decía “yo busqué todo eso y ahora no me lo banco”. Hoy disfruto el recorrido que hice y ser quien soy más allá de que a veces salga camuflada (se ríe).

-¿Cómo te camuflás? -Con lentes, gorra… A veces no sé qué más ponerme… De repente mi vieja “me dice ¿me acompañás al shopping?” y yo le digo “¿al shopping?”. Me pongo de todo y voy, luego me reconocen, termino firmando autógrafos y no pasa nada. Pero es un momento para estar con mi vieja, ¿me entendés? -¿Qué gesto de la gente te llamó la atención? -Lo que me sorprendió es que muchos se me acercaron para decirme que, gracias a Las Leonas o a mi forma de jugar, salieron de una depresión, volvieron a hacer cosas de su vida que tenían pendientes o retomaron una relación con un familiar con el que estaban distanciados. Se ve que nuestro equipo llega emocionalmente al corazón, como si fuésemos una selección terapéutica. Y eso me pone muy feliz. Me llena.

Por Diego Mactas ( Ole )

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La historia de las chicas del club Padre Mujica en la Villa 31

Entrenan los martes y jueves en la villa 31; ejemplos que rompen estereotipos, superan barreras y eliminan prejuicios.

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Las luces de la autopista Arturo Illia cumplen una doble tarea: iluminar el habitual paso de los pocos autos que la transitan con la fría noche ya instalada, sin el ritmo frenético que el centro porteño exhibiría un par de horas antes, y además apuntalar las corridas de un nutrido grupo de chicas que juegan al fútbol en una canchita, en uno de los márgenes de la Villa 31. Los grandes faros sirven de complemento perfecto para acompañar las tenues luces de ese mágico rectángulo de cemento que forma parte del club Padre Carlos Mugica, instalado en la villa más popular de la Argentina. Con la pelota apenas como excusa, las mujeres de este club surgen como buenos ejemplos de quienes denodadamente se esfuerzan por romper estereotipos, superar barreras y eliminar prejuicios.

La imagen del padre Mugica resalta, pintada en una de las paredes linderas a la cancha. Su legado, inspirador, dio pie a la fundación de un espacio que no sólo se ocupa de actividades culturales y deportivas. Con el padre Guillermo Torres -presidente de la entidad- como cabeza visible, un equipo de trabajadores sociales realizan un seguimiento de cada uno de los casos de las personas que se acercan al club. Aquí no se habla únicamente de una segunda jugada: las segundas oportunidades en la vida se encadenan, aparecen una tras otra a medida que se suceden los relatos, entre mates y bizcochos. “Acá surgen muchas chances, no se limita a una o dos. El club es claramente una oportunidad de vida para las chicas. En nuestro barrio, la persona que no se enganchó con el estudio, el deporte o determinado espacio de pertenencia se nos va al paco. Y ahí la vuelta se torna realmente muy difícil”, explica Blanca Aguirre, coordinadora de la entidad.

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La práctica del deporte favorece el desarrollo físico, mental y social de un grupo de personas que lucha por salir adelante dentro de un contexto ocasionalmente desfavorable. Para el fútbol de mujeres la batalla también es cultural. “No se las reconoce, es desvalorizado. Es simple: el deporte es para todos y acá ellas tienen la chance de mostrarse”, añade Aguirre.

A veces el miedo, otras tantas la vergüenza y un profundo sentimiento de incomprensión aparecen como algunos de los motivos que explican por qué una parte de las víctimas de la violencia de género nunca han denunciado a su maltratador. En el club Carlos Mugica no son pocas las mujeres que se abren al diálogo con esos trabajadores que se fueron ganando su confianza. La palabra, siempre como nexo. “Hay un acompañamiento que escapa a lo deportivo. Las pibas sienten cariño por las profesoras, son cercanas a ellas. Eso hace que las chicas se abran para conversar, hemos logrado infinidad de cosas. También que se animen a practicar deportes, en contra de padres que no están muy de acuerdo. Con el correr del tiempo esos hombres las vieron felices y posteriormente cambiaron el chip”, detalla Aguirre.

Con el sueño de moldear un futuro alentador, el club también hace un enorme aporte para que las chicas consigan desarrollarse en lo deportivo y profesional. Ya son cuatro las becas obtenidas para estudiar: tres de ellas las utilizan en el “Instituto Superior de Educación Física Enrique Romero Brest” y la restante en la “Universidad Católica”. Romina Villalba, una todoterreno de apenas 19 años, contagia energía. Toda su vida transcurrió en este sitio. Cuenta que en su zona, el sector Cristo Obrero, no son tantos los vaivenes que debe atravesar. “En otros lugares tenemos que tener un poco más de cuidado”, asegura. Por la mañana trabaja en el hogar del club, en el centro de rehabilitación para adictos a las drogas. Por la tarde, cursa el primer año en el profesorado de Educación Inicial con la beca otorgada por la “Universidad Católica”. “Yo soñaba con estudiar esta carrera y el año pasado empecé a buscar facultades pero no pude anotarme. Cuando el padre Torres me presentó esta posibilidad me llenó de alegría”, resalta con una sonrisa la capitana y punta de lanza del equipo de primera.

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Villalba creció a la par del club. El año pasado ofició de entrenadora de las más pequeñas, las nenas de cinco años, tarea que tuvo que dejar de lado porque el tiempo no le alcanzaba para cubrir todos sus objetivos. De todos modos, las acompaña en cada partido de fin de semana. “El club significa mucho, también traigo a mi familia para que sean parte. Logramos atraer a mucha gente y de movida eso ya funciona como prevención. Estas actividades sacan a la gente de los malos hábitos”, agrega.

A través del deporte se cultivan los valores humanos, la solidaridad, la amistad, el trabajo en equipo, la lucha por un objetivo en común. La historia oficial de este club comenzó hace apenas un puñado de meses, cuando se le entregó el certificado de personería jurídica. “De todos modos, el trabajo acarrea más de tres años”, aclara Guillermo Torres, párroco y presidente de la institución enclavada en una comunidad habitada por 50.000 personas. Dentro de la Parroquia Cristo Obrero, el espacio nació en el marco de un área de prevención de adicciones. “La mayoría de las chicas tiene una historia de vida difícil”, añade Torres.

La actividad no se limita sólo al fútbol: en la sumatoria, son más de 300 chicos los que día a día transitan la canchita para jugar al hockey y al voleibol, entre otros deportes. De lunes a viernes, siempre habrá alguien corriendo detrás de una pelota. Para las 20 mujeres que componen el plantel que reúne a la primera y a la reserva, los entrenamientos se desarrollan los martes y jueves a partir de las 18. El fin de semana será el turno de la competencia oficial, en ocasiones contra duros rivales como Independiente o Atlanta. Algunas de las chicas que llegan al entrenamiento -varias son madres- lo hacen para pasar el rato y divertirse aunque otras tienen vocación de futbolistas y exhiben un enorme despliegue. “Sabemos que en cualquier momento vienen desde Boca o River y se las llevan”, asegura con una sonrisa Josefina Duffo, entrenadora.

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Si bien la práctica del fútbol femenino remonta al siglo XIX en Glasgow, Escocia, en nuestro país le cuesta despegar en cuanto a popularidad. No obstante, es el deporte que más creció a nivel mundial en los últimos diez años y en la Argentina lo practican 1 millón de jugadoras. Se institucionalizó a través del reconocimiento de AFA en 1991. A pesar de que algunos puedan desconocer la lucha histórica que reivindica la práctica del fútbol femenino, el primer logro de este grupo de soñadoras fue haber conseguido un lugar en la cancha, un espacio en ese rectángulo donde decenas de veces se sintieron desplazadas. Parece un hecho básico, pero claramente no lo es. “Hace un tiempo no muy prolongado nos dejaban jugar cerca de la medianoche, recién cuando todos los chicos se iban”, revela Carolina Marín. “Todavía nos cuesta pero antes era peor. Imagínate que muchas veces nos metíamos adentro del partido de ellos y era un lío, con dos pelotas, unos pateando para un lado, otros para otro”, agrega Ángela Quizbert en un impasse del entrenamiento.

Las cuestiones de género, en el terreno de juego, también son palpables. En una batalla diaria, se lucha constantemente para destruir ciertos estereotipos. “Dentro de una sociedad machista las mujeres nos vimos perjudicadas a lo largo de toda la historia. Ser mujer y jugar al fútbol todavía no está socialmente aceptado. Es difícil, nos costó mucho. Acá, no sólo la cancha de este barrio estuvo ocupada permanentemente por chicos: todos los campos de juego pasaron por lo mismo. Se rompen barreras constantemente. Las chicas no van a dejar de ser chicas por jugar al fútbol” enfatiza Duffo.

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La reticencia familiar aparece visible en un deporte donde está estigmatizado que su práctica es exclusivamente para hombres. Esto genera que sea más evidente la diferenciación entre los géneros. Un ejemplo de Duffo basta para graficarlo. “Muchos padres no quieren enviar a las chicas a jugar al fútbol. Una vez me puse a observar y noté que los nenes venían con botines, medias, pantalones cortos, camisetas. A las chicas, en cambio, las mandaban con botas y pantalones largos. ¿Por qué ellas no pueden vestir indumentaria de fútbol?”.

Con orgullo, esta pequeña porción de terreno dejó de ser de uso exclusivo de hombres. Un perro atraviesa la canchita mientras se van las últimas patadas a la pelota. Llega el momento de la foto grupal, con una sonrisa y los brazos elevados. Las chicas de la Villa 31 compaginan el fútbol con los estudios o el trabajo y la cabeza ya está puesta en el día siguiente. Es hora de conversar unos minutos antes del regreso a casa. En su lucha cotidiana, ellas ya ganaron otra batalla.

MG

FUENTE: LA NACIÓN

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Rocío Oliva debutará como futbolista con la 10

La prometida de Diego Maradona formará parte del Jebel Alí y debutará el sábado con la camiseta número diez.

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Rocío Oliva cumplió su sueño y firmó contrato con el club árabe Jebel Alí, de la liga de fútbol femenino de Duabi, donde debutará este sábado con la camiseta número diez. El propio Diego Maradona fue el encargado de entrenarla, y estará alentándola en la cancha en el día de su debut.

Con 25 años, la jugadora ya había dado sus primeros pasos en el fútbol con la camiseta de River. Según informa diario Popular, Maradona pulió su técnica en cada una de las prácticas y es una de las mejores del equipo árabe.

Si bien se trata de una liga amateur: al ser extranjera, Rocío firmó un contrato profesional. Y cobrará 10 mil dólares mensuales por defender la camiseta del Jebel Alí.

Hace algunos meses, el astro se mostró junto a su pareja esquivando conos y pateando al arco, mostrando los claros dotes de ambos en el deporte. FB

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Giselle Muñoz fue medalla de plata en el Open Eslovenia 2014

Tenis de Mesa adaptado.

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Durante el Open Eslovenia 2014 (Clases 1-11) Giselle Muñoz alcanzó importantes resultados en la competencia.

En singles, fue la medalla de plata en clase 7 y el equipo argentino alcanzó la misma presea en clase 6/7.

Desde el Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD) hicieron llegar sus felicitaciones a la joven deportista.

 

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