Conecte con nosotros

Destacada

Luciana Aymar: “Le tengo mucha fe a este equipo”

Publicado

el

“Lucha” cerrará en Londres su riquísima trayectoria con la idea de subir al podio, aunque ya vive la nostalgia por su último torneo con la camiseta argentina: “Tengo claro que voy a extrañar todo lo que representa este equipo”.

Londres 2012 serán sus cuartos y últimos Juegos Olímpicos. El momento que eligió para ponerle punto final a su rica y prolífica trayectoria en Las Leonas. Dejará entonces enmarcada la camiseta número 8 de la Selección que integró durante más de quince años y con la que ganó medallas, títulos y distinciones individuales. Y es por eso que Luciana Aymar, mientras se prepara por estos días para la cita que tendrá lugar en Inglaterra, sueña con una despedida a lo grande. “Me veo jugando la final”, confió la mejor jugadora de hockey sobre césped del mundo.

– ¿Cómo se vive una preparación para los Juegos Olímpicos cuando se tiene la certeza de que después viene el retiro?

– Por ahora, estoy tranquila. Sé que a medida que avancen los días la ansiedad va a ir en aumento, la mía y la del grupo. En mi caso particular, tengo un montón de sensaciones encontradas. Trato de disfrutar de cada entrenamiento al máximo, como lo hice en otras oportunidades, cuando me preparaba para otros torneos, pero no voy a mentir: empiezo a sentir la nostalgia de la última vez. Son muchos años con la camiseta de Las Leonas y tengo claro que voy a extrañar todo lo que representa este equipo. Pero la decisión de retirarme de la Selección está tomada.

–¿Se siente cansada?

–Hay un desgaste lógico después de tantos años. Aunque físicamente estoy bien y soy capaz de entrenar a la par del resto, me cuesta la rutina de levantarme todos los días bien temprano y entrenar desde las 8, lo mismo que las prácticas en doble turno.

–¿Desgasta la presión de demostrar que se es la mejor jugadora del mundo?

–Sentía la presión de ser la mejor cuando recibí las primeras distinciones de la Federación Internacional de Hockey, sentía que todos me miraban y debía mantenerme en lo más alto cada vez que entraba a una cancha. Eso sí me costó, fue una mochila que tuve que soltar. Era una carga que no quería sobrellevar. La obligación que me imponía era tan grande hace diez años que quería que el premio se lo llevara otra. Pero con el tiempo me hice cargo del lugar al que había llegado y empecé a disfrutarlo. Hoy me encanta que tres jugadoras me vengan a marcar cuando tengo la bocha. Asumir eso fue parte de un proceso. La clave pasa por convertir la presión en algo positivo, para mí y para el grupo.

–¿Cómo debe actuar un buen referente de grupo?

–Trato de ser compinche y cercana con todas mis compañeras. Hay chicas de 20 años que llegan a Las Leonas con la obligación de encarar desafíos nuevos, más exigentes de los que debían sobrellevar en sus clubes y hay que respaldarlas. Nunca me puse en un pedestal por el hecho de ser quien soy, eso no le sirve a nadie, mucho menos al equipo. La obligación del referente es ésa, lograr la unidad del grupo para que eso se vea en la cancha.

–¿Le gustaría seguir como entrenadora?

–Todavía no lo sé. Me gusta transmitir conceptos que tienen que ver con el juego, pero ser entrenador implica tener un buen manejo del grupo, conducir el día a día, y eso es lo más difícil, lo más complicado.

–¿Qué es más difícil? ¿Manejar un grupo de hombres o uno de mujeres?

–El hombre es más sencillo, más directo. En cambio, con las mujeres hay que cuidar más las formas. Eso es lo que se dice siempre, pero en el caso de Las Leonas, nos parecemos bastante a un grupo de hombres, siempre fuimos muy directas entre nosotras.

–¿Qué significa ser una Leona?

–Después de tantos años, si tengo que definirlo, me animaría a decir que se trata de vivir el juego con pasión y dejar todo en la cancha. En base a esa idea es que construimos la mística que posee esta Selección.

–¿Cuáles fueron las cosas que debió postergar en función de su carrera deportiva?

–Relaciones con amigas, familiares y también con parejas. Por el hockey di todo y eso tiene un precio. Igualmente, no me arrepiento de nada. Volvería a hacer el mismo sacrificio si pudiera elegirlo.

–¿Formar una familia es la gran asignatura pendiente que tiene?

–Sí, pero no me desespero. Estoy en pareja, bien, y sé que la oportunidad va a llegar. Igual, quiero aclarar que tampoco me voy a dedicar todo el tiempo a eso después de que terminen los Juegos (risas).

–Después de haber perdido la final en los Panamericanos ante Estados Unidos, ¿tienen ganas de tomarse revancha en Londres ganando una medalla?

–La verdad que sí. Tenemos ganas de tener una revancha en los Juegos y a eso vamos. De todos modos, fue bueno eso que nos pasó. Lo asumimos como algo necesario para bajar a la tierra y encarar el desafío de recuperarnos. Algo ya demostramos en Rosario, cuando jugamos el Champions Trophy. Ganamos el torneo y demostramos que seguimos en el primer nivel. La apuesta es ratificarlo en Londres.

–¿Se anima a tirar un pronóstico?

–Me veo jugando la final, le tengo mucha fe a este equipo.

–Después del retiro de la mejor jugadora del mundo, ¿el hockey femenino de Argentina tendrá recambio para mantenerse como una potencia?

–Hay una buena camada de jugadoras, en cuanto al semillero estoy tranquila. Van a seguir surgiendo figuras, de eso estoy convencida. Además, no nos olvidemos de que después de (Diego) Maradona hubo un (Lionel) Messi, así que nunca se sabe.

Destacada

La historia de las chicas del club Padre Mujica en la Villa 31

Entrenan los martes y jueves en la villa 31; ejemplos que rompen estereotipos, superan barreras y eliminan prejuicios.

Publicado

el

Las luces de la autopista Arturo Illia cumplen una doble tarea: iluminar el habitual paso de los pocos autos que la transitan con la fría noche ya instalada, sin el ritmo frenético que el centro porteño exhibiría un par de horas antes, y además apuntalar las corridas de un nutrido grupo de chicas que juegan al fútbol en una canchita, en uno de los márgenes de la Villa 31. Los grandes faros sirven de complemento perfecto para acompañar las tenues luces de ese mágico rectángulo de cemento que forma parte del club Padre Carlos Mugica, instalado en la villa más popular de la Argentina. Con la pelota apenas como excusa, las mujeres de este club surgen como buenos ejemplos de quienes denodadamente se esfuerzan por romper estereotipos, superar barreras y eliminar prejuicios.

La imagen del padre Mugica resalta, pintada en una de las paredes linderas a la cancha. Su legado, inspirador, dio pie a la fundación de un espacio que no sólo se ocupa de actividades culturales y deportivas. Con el padre Guillermo Torres -presidente de la entidad- como cabeza visible, un equipo de trabajadores sociales realizan un seguimiento de cada uno de los casos de las personas que se acercan al club. Aquí no se habla únicamente de una segunda jugada: las segundas oportunidades en la vida se encadenan, aparecen una tras otra a medida que se suceden los relatos, entre mates y bizcochos. “Acá surgen muchas chances, no se limita a una o dos. El club es claramente una oportunidad de vida para las chicas. En nuestro barrio, la persona que no se enganchó con el estudio, el deporte o determinado espacio de pertenencia se nos va al paco. Y ahí la vuelta se torna realmente muy difícil”, explica Blanca Aguirre, coordinadora de la entidad.

segunda-jugada-2467573w640

La práctica del deporte favorece el desarrollo físico, mental y social de un grupo de personas que lucha por salir adelante dentro de un contexto ocasionalmente desfavorable. Para el fútbol de mujeres la batalla también es cultural. “No se las reconoce, es desvalorizado. Es simple: el deporte es para todos y acá ellas tienen la chance de mostrarse”, añade Aguirre.

A veces el miedo, otras tantas la vergüenza y un profundo sentimiento de incomprensión aparecen como algunos de los motivos que explican por qué una parte de las víctimas de la violencia de género nunca han denunciado a su maltratador. En el club Carlos Mugica no son pocas las mujeres que se abren al diálogo con esos trabajadores que se fueron ganando su confianza. La palabra, siempre como nexo. “Hay un acompañamiento que escapa a lo deportivo. Las pibas sienten cariño por las profesoras, son cercanas a ellas. Eso hace que las chicas se abran para conversar, hemos logrado infinidad de cosas. También que se animen a practicar deportes, en contra de padres que no están muy de acuerdo. Con el correr del tiempo esos hombres las vieron felices y posteriormente cambiaron el chip”, detalla Aguirre.

Con el sueño de moldear un futuro alentador, el club también hace un enorme aporte para que las chicas consigan desarrollarse en lo deportivo y profesional. Ya son cuatro las becas obtenidas para estudiar: tres de ellas las utilizan en el “Instituto Superior de Educación Física Enrique Romero Brest” y la restante en la “Universidad Católica”. Romina Villalba, una todoterreno de apenas 19 años, contagia energía. Toda su vida transcurrió en este sitio. Cuenta que en su zona, el sector Cristo Obrero, no son tantos los vaivenes que debe atravesar. “En otros lugares tenemos que tener un poco más de cuidado”, asegura. Por la mañana trabaja en el hogar del club, en el centro de rehabilitación para adictos a las drogas. Por la tarde, cursa el primer año en el profesorado de Educación Inicial con la beca otorgada por la “Universidad Católica”. “Yo soñaba con estudiar esta carrera y el año pasado empecé a buscar facultades pero no pude anotarme. Cuando el padre Torres me presentó esta posibilidad me llenó de alegría”, resalta con una sonrisa la capitana y punta de lanza del equipo de primera.

segunda-jugada-2467574w640

Villalba creció a la par del club. El año pasado ofició de entrenadora de las más pequeñas, las nenas de cinco años, tarea que tuvo que dejar de lado porque el tiempo no le alcanzaba para cubrir todos sus objetivos. De todos modos, las acompaña en cada partido de fin de semana. “El club significa mucho, también traigo a mi familia para que sean parte. Logramos atraer a mucha gente y de movida eso ya funciona como prevención. Estas actividades sacan a la gente de los malos hábitos”, agrega.

A través del deporte se cultivan los valores humanos, la solidaridad, la amistad, el trabajo en equipo, la lucha por un objetivo en común. La historia oficial de este club comenzó hace apenas un puñado de meses, cuando se le entregó el certificado de personería jurídica. “De todos modos, el trabajo acarrea más de tres años”, aclara Guillermo Torres, párroco y presidente de la institución enclavada en una comunidad habitada por 50.000 personas. Dentro de la Parroquia Cristo Obrero, el espacio nació en el marco de un área de prevención de adicciones. “La mayoría de las chicas tiene una historia de vida difícil”, añade Torres.

La actividad no se limita sólo al fútbol: en la sumatoria, son más de 300 chicos los que día a día transitan la canchita para jugar al hockey y al voleibol, entre otros deportes. De lunes a viernes, siempre habrá alguien corriendo detrás de una pelota. Para las 20 mujeres que componen el plantel que reúne a la primera y a la reserva, los entrenamientos se desarrollan los martes y jueves a partir de las 18. El fin de semana será el turno de la competencia oficial, en ocasiones contra duros rivales como Independiente o Atlanta. Algunas de las chicas que llegan al entrenamiento -varias son madres- lo hacen para pasar el rato y divertirse aunque otras tienen vocación de futbolistas y exhiben un enorme despliegue. “Sabemos que en cualquier momento vienen desde Boca o River y se las llevan”, asegura con una sonrisa Josefina Duffo, entrenadora.

segunda-jugada-2467576w640

Si bien la práctica del fútbol femenino remonta al siglo XIX en Glasgow, Escocia, en nuestro país le cuesta despegar en cuanto a popularidad. No obstante, es el deporte que más creció a nivel mundial en los últimos diez años y en la Argentina lo practican 1 millón de jugadoras. Se institucionalizó a través del reconocimiento de AFA en 1991. A pesar de que algunos puedan desconocer la lucha histórica que reivindica la práctica del fútbol femenino, el primer logro de este grupo de soñadoras fue haber conseguido un lugar en la cancha, un espacio en ese rectángulo donde decenas de veces se sintieron desplazadas. Parece un hecho básico, pero claramente no lo es. “Hace un tiempo no muy prolongado nos dejaban jugar cerca de la medianoche, recién cuando todos los chicos se iban”, revela Carolina Marín. “Todavía nos cuesta pero antes era peor. Imagínate que muchas veces nos metíamos adentro del partido de ellos y era un lío, con dos pelotas, unos pateando para un lado, otros para otro”, agrega Ángela Quizbert en un impasse del entrenamiento.

Las cuestiones de género, en el terreno de juego, también son palpables. En una batalla diaria, se lucha constantemente para destruir ciertos estereotipos. “Dentro de una sociedad machista las mujeres nos vimos perjudicadas a lo largo de toda la historia. Ser mujer y jugar al fútbol todavía no está socialmente aceptado. Es difícil, nos costó mucho. Acá, no sólo la cancha de este barrio estuvo ocupada permanentemente por chicos: todos los campos de juego pasaron por lo mismo. Se rompen barreras constantemente. Las chicas no van a dejar de ser chicas por jugar al fútbol” enfatiza Duffo.

segunda-jugada-2467575w640

La reticencia familiar aparece visible en un deporte donde está estigmatizado que su práctica es exclusivamente para hombres. Esto genera que sea más evidente la diferenciación entre los géneros. Un ejemplo de Duffo basta para graficarlo. “Muchos padres no quieren enviar a las chicas a jugar al fútbol. Una vez me puse a observar y noté que los nenes venían con botines, medias, pantalones cortos, camisetas. A las chicas, en cambio, las mandaban con botas y pantalones largos. ¿Por qué ellas no pueden vestir indumentaria de fútbol?”.

Con orgullo, esta pequeña porción de terreno dejó de ser de uso exclusivo de hombres. Un perro atraviesa la canchita mientras se van las últimas patadas a la pelota. Llega el momento de la foto grupal, con una sonrisa y los brazos elevados. Las chicas de la Villa 31 compaginan el fútbol con los estudios o el trabajo y la cabeza ya está puesta en el día siguiente. Es hora de conversar unos minutos antes del regreso a casa. En su lucha cotidiana, ellas ya ganaron otra batalla.

MG

FUENTE: LA NACIÓN

Sigue Leyendo

Destacada

Rocío Oliva debutará como futbolista con la 10

La prometida de Diego Maradona formará parte del Jebel Alí y debutará el sábado con la camiseta número diez.

Publicado

el

Rocío Oliva cumplió su sueño y firmó contrato con el club árabe Jebel Alí, de la liga de fútbol femenino de Duabi, donde debutará este sábado con la camiseta número diez. El propio Diego Maradona fue el encargado de entrenarla, y estará alentándola en la cancha en el día de su debut.

Con 25 años, la jugadora ya había dado sus primeros pasos en el fútbol con la camiseta de River. Según informa diario Popular, Maradona pulió su técnica en cada una de las prácticas y es una de las mejores del equipo árabe.

Si bien se trata de una liga amateur: al ser extranjera, Rocío firmó un contrato profesional. Y cobrará 10 mil dólares mensuales por defender la camiseta del Jebel Alí.

Hace algunos meses, el astro se mostró junto a su pareja esquivando conos y pateando al arco, mostrando los claros dotes de ambos en el deporte. FB

Sigue Leyendo

Destacada

Giselle Muñoz fue medalla de plata en el Open Eslovenia 2014

Tenis de Mesa adaptado.

Publicado

el

Durante el Open Eslovenia 2014 (Clases 1-11) Giselle Muñoz alcanzó importantes resultados en la competencia.

En singles, fue la medalla de plata en clase 7 y el equipo argentino alcanzó la misma presea en clase 6/7.

Desde el Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD) hicieron llegar sus felicitaciones a la joven deportista.

 

Sigue Leyendo

Facebook

Noticias más leídas

Copyright © 2012 La Deportista | Running Team.