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Biografias

Noelia Petti cruzó el Río de la Plata a nado y va por más

Una historia de superación.

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El último 9 de marzo cruzó el río más ancho del mundo porque asegura que “entrenar la fuerza de voluntad exige orden y trabajo”.

Noelia Petti (39) es una de las grandes nadadoras nacionales. A los 22 era jugadora de waterpolo. Vivía en Burzaco con sus padres y empezó a ir todos los días a las 5 de la mañana, en tren, hasta Palermo, para entrenar en GEBA.

Con los años empezó a competir, ganar y estar presente en rankings internacionales. “Entrenar la fuerza de voluntad exige orden y trabajo. Constancia. Hay que tener convicción”, adujo.

Hace dos años ganó la medalla dorada en el Campeonato Mundial Master de Natación, en los 800 metros libres en pileta, lejos del hogar, en Riccione, Italia.

Desde hace una década participa del Circuito Internacional de Aguas Abiertas Grand Prix, organizado por la Federación Internacional de Natación (FINA). “Llegué al quinto puesto -cuenta-, y fue la mejor ubicación que obtuve a lo largo de los 11 años que llevo compitiendo a nivel internacional”, contó en diálogo con La Nación Revista.

Cuando se le pregunta por su fuerza de voluntad, Petti asegura que “pasa por el grado de compromiso que uno tiene con lo que hace. Por la educación y el ejemplo. Toda la vida vi trabajar a mi papá, que es arquitecto. Tenía tres hijos, todavía no se había recibido y él insistía con lo que quería. Ahí está el tema. Somos cinco hermanos y no nos dieron las cosas servidas. Había que trabajar para conseguirlas”. 

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Evelina Cabrera, la mujer a la que el fútbol le salvó la vida

Hoy preside la AFFAR.

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Cuidó coches y prostitutas, sufrió la violencia, y hasta intentó quitarse la vida. Sin embargo, encontró en el deporte su salvación.

“El mundo es tuyo” es la frase que reza en el antebrazo derecho de Evelina Cabrera, un leitmotiv de una vida llena de lucha y aprendizaje. Esta joven de 28 años superó todas las barreras: enfrentó la calle, trabajó cuidando coches y prostitutas, sufrió la violencia, y hasta intentó quitarse la vida. Un día se topó con lo que se convertiría en su mayor pasión y motivo de lucha: el fútbol.

Era apenas una adolescente. Mientras muchas chicas a los 15 años sueñan con una fiesta, Evelina se escapaba de su casa. Se sentía sola, y no lo toleraba. Ahí se instaló en la calle, donde trabajó de trapito en el Puerto de Frutos en Tigre, repartió volantes y hasta cuidó una parada de prostitutas. Todo mientras terminaba el secundario y dormía en una plaza. Cuando terminó la escuela, Evelina se recibió de personal trainer y trabajó dando clases particulares. El deporte, sentía, le estaba devolviendo las ganas de seguir adelante.

Buscando una disciplina grupal se encontró con el fútbol, deporte que -según ella- le salvó la vida. “Una compañera me vio jugando [al fútbol]. Podría haber sido vóley, handball. Al principio era un desastre … Como era instructora me tocó entrenar al equipo, que andaba muy mal. La capitana no quería saber nada. Entonces armé mi propio equipo, y salimos campeonas”, explicó la joven a 442. “Lo que más me gusta es que en la cancha somos todos iguales. No importa religión, raza, ni color.” expresó.

Llegó al Club Atlético Platense en 2012, hasta que su cuerpo emitió una alarma: tenía un quiste en el útero. “Fue por exceso de deporte. Después de una vida sedentaria y de fumar, se ve que mi cuerpo no aguantó el entrenamiento de alto rendimiento que tiene el fútbol”. Desde ese momento se vio obligada a dejar de entrenar, aunque lejos de abandonarlo todo decidió empezar a organizar torneos y a estudiar para ser directora técnica de fútbol en la Asociación de Técnicos del Fútbol Argentino (AFTA). El mismo año fuecoach del equipo argentino en el Mundial de Gente sin hogar, en México.

Hoy no solo se desempeña en el club Defensores de Florida, sino que también es Presidenta de la Asociación Femenina de Fútbol Argentino (AFFAR), que surgió a partir de una situación que la marcó de cerca. “Una jugadora amiga, cuyo papá era cartonero, fallece el mismo día que caía el día del padre. El municipio donde vivía ella no se quiso hacer cargo. Nos llamó a las doce de la noche y las chicas del equipo pagamos todo. Ahí dijimos: ‘No puede pasar más esto’. Me parece injusto que algunas instituciones para las que una juega 14 años no se hagan cargo de las jugadoras”, recordó Evelina.

Allí nació la AFFAR, con la idea de ayudar a las jugadoras en la parte social, además de capacitarlas. También se organizan campeonatos.

En la actualidad, Evelina trabaja en el área de inclusión social del municipio de Tigre, además de dar charlas sobre motivación en diferentes organizaciones.

Respecto al prejuicio de las mujeres en el fútbol, opinó: “Las argentinas somos hinchas del fútbol. Muy apasionadas. ¿Su mayor sueño? “Que todos los clubes puedan competir de manera nacional”.

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Pareto quiere “ganar otra medalla olímpica”

Anhela dejar un legado dentro de la historia del judo argentino.

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La subcampeona mundial sueña con Río 2016 y quiere que sus “éxitos sirvan para abrirles puertas a los chicos en el futuro”.

El CeNARD es el lugar donde cada semana Paula Belén Pareto se dedica a su gran amor: el judo. Ese mismo amor que la llevó en 2008 a colgarse la medalla de bronce olímpica en Beijing, para empezar a escribir las primeras hojas de un cuaderno de éxitos.Su pequeña estatura no le impide ser una gigante a la hora de entrar al tatami en cada lugar del mundo donde le toca representar a la Argentina. En ese espacio es donde luce su mejor versión. Como luce hoy su guardapolvo blanco para concurrir a las prácticas en los hospitales, como médica recibida. Sacrificio, perseverancia y capacidad son algunas de las cualidades que describen a esta atleta de San Fernando, que a sus 28 años anhela dejar un legado dentro de la historia del judo argentino, para luego dedicarse a su profesión.”Fue una satisfacción única haber ganado una medalla en un Mundial. Y ser la tercera argentina en la historia en lograrlo me llena de orgullo”, cuenta Paula en una apacible charla con Clarín en la que recuerda el subcampeonato mundial en Chelyabinsk, Rusia. Ella es “La Peque”, una pequeña gigante que los fines de semana, cuando puede, se da el gusto de jugar al fútbol con sus amigas y que no se conforma con sus logros.

-¿Qué sueño te falta concretar en el judo?

-Quiero ganar otra medalla olímpica. Si es de oro, mejor, pero me conformo con estar entre las tres mejores.

-¿Afrontás este ciclo olímpico de la misma manera que los anteriores o la exigencia es mayor?

-Me preparo diferente. Tengo mucha más experiencia que en los anteriores Juegos. Cuando fui a Beijing no sabía mucho cómo luchaban mis rivales. Hoy entiendo más la dinámica de la disciplina. Muchas veces que te conozcan no te juega a favor, porque ya saben dónde están tus limitaciones. Pero en cuanto al aspecto mental, hoy llego más distendida, ya que terminé mi carrera en la Facultad.

-En unos días viajás a una gira con torneos en China, Japón y Corea. ¿Cuáles son tus metas en esas tres competiciones?

-El objetivo es conseguir la mayor cantidad de puntos para el ranking, que es lo que permite clasificarse a los Juegos de Río 2016. Será complicado, por la calidad y cantidad de representantes que van a competir. Y más en Asia, la cuna del judo.

-¿Sentís que estás escribiendo historia dentro del judo argentino? ¿Sos consciente de semejantes logros?

-No soy consciente de lo que logré. Muchas veces cuando mi cabeza se relaja, ahí tomo conciencia de que conseguí algo importante. Pero lo más importante es que mis éxitos sirvan para abrirles puertas a los chicos en el futuro. Que sepan que se puede, a pesar de que somos pocos en esta disciplina. Y que sepan que con trabajo y sacrificio, tarde o temprano los objetivos llegan.

-¿Tu primer podio en un Mundial se compara con el bronce olímpico? 

-Se compara en cuanto a lo que significó el torneo, porque están las mejores representantes. Pero a la vez es diferente, porque cuando participé en Beijing 2008, nadie me conocía y llegar a la medalla fue sorprendente hasta para mí. En cambio, en el Mundial estaba esa posibilidad. Sabía que iba a ser complicado porque las rivales ya me conocen, saben cómo lucho y plantean luchas mucho más complicadas desde lo táctico.

-¿Esperabas tener este rendimiento tan alto?

-Sabía que iba a ser complicado. Pero fui con la mentalidad de que se podía llegar a conseguir una medalla. Aunque fue una sorpresa en lo personal. Pero tenía la preparación necesaria y la confianza de que podía lograrlo.

-¿Los Juegos Panamericanos de Toronto del próximo año son tu principal gran objetivo?

-Sí, pero también tengo como meta el próximo Mundial y los Panamericanos de judo, que serán torneos importantes. Trataré de hacer un buen papel en las competiciones.

-¿Proyectás una carrera larga?

-Mi idea es entrenarme fuerte para los Juegos de Río y después pensaré si seguiré o no. Siempre dije que los Juegos de Londres 2012 serían los últimos (se ríe) y hoy estoy proyectando los próximos. Todavía no tengo en claro qué será de mi futuro.

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La historia de Eliana Stabile, la futbolista que dejó la casaca de River par lucir el azul y oro de sus amores

El superclásico desde otro lugar.

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Jugó hasta el año pasado con la camiseta del millonario. Ahora se pone con orgullo la de Boca.

La final de abril de 2013 marcó el punto más ambivalente en la vida de la joven Eliana Stabile: el club de sus amores, Boca, les había ganado a ella y su equipo, River. Ella no sabía para dódne ir, si al festejo o a la pena.

“Estaba muy contenta pero también fue raro. Estaban todas mis ex compañeras del otro lado y tal vez no entendían lo que me pasaba a mí. Siempre di todo por el equipo cuando jugaba con ellas y siempre quería ganar, pero ya no me sentía cómoda en River. Yo soy de Boca y llegó un momento en el que no aguanté más jugar en River”, cuenta a El Gráfico.

En su voz se nota la sinceridad de quien no quiere dañar a nadie, y que a la vez pide que entiendan su situación: su amor por los colores es demasiado fuerte como para andar jugando toda la vida en la contra, como para convivir con los éxitos y desgracias de los primos y para, muchas veces, tener que esconder sus verdaderos sentimientos.

“Por una de esas cosas de la vida –comienza su relato– un conocido vio que me gustaba jugar al fútbol y me llevó a River. Al principio no tuve problemas, yo quería jugar.” Zurda y pegada a la banda, ya sea como lateral o como volante, Eliana comenzó su carrera con la camiseta que siempre tuvo enfrente, la que siempre buscó al momento de la cargada y la que prefería evitar cuando venían las malas.

Al revés que J. J. López y parafraseando al Tano Pasman, se puso la camiseta de River y se largó a hacer lo que más le gusta: jugar a la pelota, como esa de metal que lleva en su cuello. Y qué bien lo habrá hecho que desde bien chica se ganó un puesto como titular en un equipo que suele pelear los campeonatos y hasta llegó a la Selección Argentina.

Llevar en la piel colores adversos a los de sus camiseta no la perjudicó dentro de la cancha, donde siempre quiso ganar, aún cuando le tocaba enfrentar a Boca. Su problema –se fue dando cuenta con el tiempo– era cuando terminaban los partidos, cuando se le iba la adrenalina y se sentía sapo de otro pozo por Núñez o Ezeiza.

Llegó a River a los 17 años y el clima en el club no era el mejor, con el descenso todavía latente. Para ella era muy raro andar por ahí. En su casa, salvo por su madre, todos son bosteros y querían ir a La Bombonera a cargar al rival de siempre. En cambio, ella tenía que convivir con los socios e hinchas de River casi todos los días y no podía disfrutar como el resto de los Xeneizes. No tenía nada personal contra los de River, al contrario, pero se estaba perdiendo una parte linda del folklore futbolero, con el agregado de tener que ver el sufrimiento ajeno en primer plano. A principios de este año, cuando River se acercaba a un nuevo título y Boca penaba por los últimos puestos, también le costó caminar por el Monumental: otra vez un sentimiento fuerte –esta vez de alegría– la encontraba ajena y sufría por no poder hallarse. “Llegó un momento en el que no quería ir más. Se lo comuniqué a la gente del club, y después de un tiempo, por suerte me dejaron ir.”

Para ella, “ir” era llegar a Boca, al club donde puede sentirse en casa, donde puede ser ella misma sin andar cuidándose y donde se siente tan contenta dentro como fuera de la cancha. Por eso aprovecha y cuando se cruza con algún jugador del equipo se saca fotos, como cualquier hincha que el domingo los alienta. “Una de las primeras fotos que me saqué fue con Bianchi, es un ídolo del club y siempre era muy amable y atento con nosotras”, cuenta. Se lamenta porque desde que ella usa la camiseta de Boca, Riquelme viste la de Argentinos: “Me hubiera gustado compartir el club con él, es un gran ídolo y ganó todo.” Lejos de compararse con Román –ni juegan en el mismo puesto–, Eliana busca empezar a emularlo en eso de ganar todo. “Salir campeón acá sería un sueño”, dice con Boca a un punto del líder, San Lorenzo, y con la reciente clasificación a la Copa Libertadores que se jugará el mes que viene.

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